EL PODER DE DIOS
- No quiero morir, Nicolás.
- Nadie desea la muerte, Susana, pero es algo natural y biológicamente necesario.
- Míralo – señalo a la maquina -, tenemos el poder de vivir eternamente. Nuestra conciencia puede ser guardada y perdurar por toda la eternidad. Es que no lo comprendes? Suplicó
- Yo, yo no quiero vivir eternamente -. Comentó inclinándose humildemente. Mi vida contigo es esta, la que nos ha deparado el destino.
- Podremos vivir dentro, juntos con miles de conciencias más. Es como vivir un sueño. Un sueño eterno, viéndonos por siempre. Viviremos un cuento.
- No quiero perderte.
El contemplo sus ojos brillantes a punto de llorar.
- Si es lo que quieres lo haré. Viviremos juntos.
- De verdad? – Agarró Susana las manos de aquel hombre.
- Si, afirmó. No sabes cuanto te quiero, no habrá vida que te ame más que yo.
Ella comenzó a llorar. Nicolás con sus manos tomo la cara de Susana y le miró a los ojos.
- Cumplí mi promesa, solo he querido a una mujer en esta vida y con mi vida se irá.
- Nicolás…
Susana abrazó fuertemente a aquel hombre queriéndose fundir con el. Nicolas observó la inmensa sala, blanco nácar, excelentemente iluminada. Apostadas a ambos lados durante algo más de 150 metros a cada extremo una lista de cómodos sillones que invitaban al usuario a un eterno descanso.
- Crees que en algún futuro podrán encontrarnos? aunque fuéramos ciudadanos de segunda.
- Probablemente sí, la señal se está emitiendo en toda esta galaxia, pero desconocemos qué galaxia es esta, aunque sí sabemos que tiene algo menos de 300.000 millones de estrellas. Tenemos que refugiarnos en la Entelequia pues nuestro ciclo biológico se extingue y este planeta aun es muy joven para albergar vida para nuestro sustento. Las reservas se colapsaron hace 12 años, somos los últimos que quedamos y tendremos que alojarnos, como tu quieres. Yo hubiera preferido morir, y volver de nuevo a las estrellas de donde todos procedemos.
- No digas tonterías. Cuando nos encuentren nos facilitaran un cuerpo nuevo y viviremos de nuevo juntos, aunque seamos ciudadanos de segunda.
- Una lastima, de saber donde se encuentra la Colonizadora en este planeta podríamos…
- Las cosas han llegado así Nicolás.
- Voy a sellar toda la nave.
- Crees tu que podríamos ser destruido por algo de este planeta?
- No lo creo, no existe material en este pequeño planeta que pueda derretir el fuselaje de la nave. Aunque nos sumergiéramos en el núcleo no haría mella en ella. No te preocupes, estaremos a salvo.
Nicolás soltó la mano de su mujer y la acompañó a su asiento, ella se tendió sin dejar de mirarle. El se acercó y besó su mejilla.
- Ya verás, para nuestra conciencia no habrá pasado más tiempo que el que transcurre en un sueño. Vivirás tu propio cuento de hadas.
- Te quiero.
- Lo se.
Nicolás soltó la mano de su mujer y se tendió en el sillón adjunto a este, presionó el botón de anclaje y ambas cabinas se cerraron. El silencio se apoderó de aquella inmensa sala, poco a poco, las luces fueron apagándose y solo quedaron aquellas de reserva, según pudo calcular Nicolás, la energía de la nave aguantaría los procesos de la Entelequia durante unos miles de años, lo suficiente para que la vida en el planeta volviera a surgir. Fue una lastima que los campos magnéticos de aquel planeta fueran tan fuerte que las comunicaciones con la segunda nave se perdieran. El Colonizador, la gran nave de suministros se había estrellado en algún lugar de ese sistema solar. Una pequeña sacudida movió la nave unos centímetros, la actividad volcánica estaba ya en su fase final. Un sonido seco rompió la monotonía de la sala. Segundos después sus cuerpos dejaron de vivir, ambos había viajado a la Entelequia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario